2 may 2014

EL RODRIGAZO, ZINN ESTADO

Por Marcelo Yaquet. Desde el Rodrigazo hasta la actualidad, un modelo económico-político que se repite: devaluación – hiperinflación – devaluación. El costo de dicho ciclo lo siguen pagando los sectores populares.

Uno de los peores ajustes que sufrió la Argentina sucedió en la Presidencia de María Estela Martínez de Perón (1974-1976), la cual era secundada desde el Ministerio de Bienestar Social  por el personaje que verdaderamente ostentaba el poder: José López Rega, “el brujo”.
A mediados del 1975 ya se hablaba de un intento de golpe militar. El Gobierno nacional día a día se debilitaba, y la situación económica se iba resquebrajando. “Lopecito” tenía la tarea de desembarcar en el Palacio de Hacienda. El Ministro de Economía, Alfredo Gómez Morales, que acompañó históricamente al General Perón, fue empujado a la renuncia. En su lugar, el 2 de junio asumió el cargo el Secretario de Bienestar Social, Celestino Rodrigo (el otro brujo) y su vice, el banquero Ricardo Zinn.
Dos días más tarde, el recordado ministro difundió un programa económico. Su ejecución implicó una devaluación asimétrica (comercio exterior de 10 a 26 pesos-ley por dólar, circuito financiero a 30 pesos, turismo a 45 pesos), aumento de tarifas y precios (electricidad entre 50 y 75 %, gas entre 35 y 70 %, nafta común un 181 %) y la determinación de ponerle un techo a las paritarias que oscilaba entre el 38 y el 45 %.
El embrollo terminó en una recesión que cortó un lapso de crecimiento económico de 12 años. Produjo la pérdida del 50 % de las reservas (de 1.400 a 700 millones de dólares) y ascendió la deuda externa a 10 mil millones.
El movimiento obrero salió con los tapones de punta para romper el techo de las paritarias, logrando aumentos entre el 75 y el 110%. El Ministerio de Trabajo respondió amenazando la no homologación de los convenios colectivos de trabajo; y la CGT, el 27 de junio, lanzó un paro de 48 horas para exigir la renuncia de López Rega y Celestino Rodrigo. En ese mismo contexto, con la intencionalidad política de embarrar la cancha, la CARBAP, al mando de Jorge Aguado (que direccionaba el espacio del empresariado), lanzó un lock out.
El 19 de julio, el brujo huyó del país exiliándose en Suiza. El otro brujo abandonó el cargo dos días después, para terminar preso durante 4 años por irregularidad en la función pública y aportar su apellido para nombrar estos acontecimientos político-económicos conocidos como “el Rodrigazo”.
A la luz de la historia podemos decir que estos sucesos inauguraron lo que nos acontecería cíclicamente en la vida económica y política de nuestro país hasta el día de hoy: la manifiesta devaluación – hiperinflación – devaluación.
El escriba del programa económico era el banquero Viceministro de Economía, que meses antes del golpe cívico-militar (1976-1983) publicó un libro llamado La Segunda Fundación de la República, en el que carga su tinta explicando como la gestión del peronismo fue la más nefasta de la historia. Luego sirvió a la sangrienta dictadura cívico-militar autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional” poniendo a disposición sus saberes como asesor del Ministerio de Economía a cargo de Martínez de Hoz (1976-1981).
Como es de suponer su carreara no termino ahí, sino que continuó prestando servicio como director del Banco Italia y del Rio de la Plata, para luego llegar a ser presidente de SEVEL. Para cerrar su brillante carrera clasista, aportó su sabiduría para idear las privatizaciones de la empresas del Estado como funcionario del Gobierno menemista (1989 – 1999). Su vida tuvo fin en un accidente aéreo junto José Estenssoro, presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en los 90.
Una de sus frases fue utilizada como slogan de la última dictadura cívico-militar “Achicar el Estado para agrandar la nación” que tiene su homologación en pleno auge neoliberal, en boca del ministro de Obras Públicas, Roberto Dromi (1989-1991), cuando anunciaba el decálogo menemista de la Reforma del Estado, que en su primer mandamiento enunciaba que “nada de lo que debe ser estatal estará en manos del Estado”.
Con el mismo olor, el Foro Convergencia Empresarial (FCE), que nació con 30 Cámaras Empresariales en el 2013 y cuya coordinación recae en Jorge Blanco que preside IDEA (Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina), presentó, el pasado 21 de abril, un documento titulado “Bases para la formulación de políticas de Estado”. Su escriba es el prestigioso filosofó Santiago Kovadloff, colaborador permanente del diario La Nación, y defensor de causas perdidas que hacen al dueño del diario La Nueva Provincia, Vicente Masssot, acusado de delitos de lesa humanidad durante la última dictadura cívico militar.
Su pluma habla ocultando los verdaderos intereses de las corporaciones económicas agrupadas en FCE. Este núcleo duro del empresariado es el mismo que empuja a la devaluación y provoca la inflación; y no tiene vergüenza alguna de decir cuál debe ser el rol del Estado: que regule en defensa de sus intereses. El filósofo se alquila para escribirle a las empresas a las que les interesa el país. Él y ellos quieren un Estado que haga política solamente para ellos.
Así como en el Rodrigazo, en otros momentos de nuestra historia las corporaciones económicas avanzaron políticamente para cerrar un ciclo económico con la mayor rentabilidad posible a su favor, provocando medidas que vienen implicando profundas transferencias de capital de los sectores populares al empresariado.
El Gobierno de CFK, a diferencia de aquel momento, se resiste a llevar adelante un ajuste salvaje, pero al mismo tiempo empieza a desandar el trazo de su propia historia: su dirección política queda atrapada en el laberinto de sus propios límites ideológicos que niegan la lucha de clases y el juego impuesto por los poderosos.
Entender que solo se sale del laberinto por arriba implica que la profundización de un proceso político de conquistas populares solo se puede dar a partir de la determinación de confrontar y combatir al capital concentrado, empoderando a la clase trabajadora y al conjunto del pueblo, avanzando por una nueva constitución emancipadora y un nuevo Estado que se desenvuelva a contramano de las ideologías liberales. La taba está en el aire. Y el peso de las ideas-acciones revolucionarias está en juego.

No hay comentarios.: